El cuello: un puente entre cabeza y corazón

El cuello es un puente entre nuestro pecho y nuestra cabeza.

Por lo tanto, un problema que se origina en el cuello puede mandar sus mensajeros de dolor para abajo, y sentirse en los hombros, omóplatos, brazos, antebrazos o incluso en las manos y los dedos. O, en vez de bajar por el cuello, el dolor puede ascender por él y manifestarse en una jaqueca fenomenal.

Sufrir de dolor de cuello es algo bastante común.

En algún momento de nuestras vidas, la mayoría de nosotros sufriremos de dolor de cuello, o de algún dolor relacionado con el cuello.

Los dolores de cuello generalmente son auto-limitantes e intermitentes… pero recurrentes. Los síntomas aparecen misteriosamente un día… y misteriosamente desaparecen al tiempo… para misteriosamente volver a aparecer luego.

El dolor de cuello (o de sus áreas relacionadas) limita nuestro bienestar y nuestro estilo de vida… y es sumamente desagradable.

Las Cervicales: un poquito de anatomía

Para entender un poco mejor por qué el cuello puede tener efectos en tantas áreas circundantes, cabe comprender un poquito mejor su anatomía y su función.

El nombre técnico para la serie de siete vértebras (huesos) que conforman el cuello es “columna cervical”.

Cada vértebra está formada por un cuerpo sólido al frente y unas protrusiones hacia atrás (las apófisis). Al apilarse un cuerpo vertebral sobre otro para formar la columna, sus apófisis forman un canal que protege a la médula espinal (ese manojo de nervios de se extiende de la cabeza hasta la pelvis) y unos orificios laterales entre vértebra y vértebra por donde salen los nervios que hacen funcionar nuestros músculos y recolectan información de nuestros receptores sensoriales.

Entre un cuerpo vertebral y el siguiente hay una “almohadilla” cartilaginosa (el disco intervertebral) que funciona como un “amortiguador” y permite cierto grado de movimiento entre vértebra y vértebra.   

En relación a los otros segmentos de la columna (torácica, lumbar, y sacro-coccígea), la columna cervical en su totalidad tiene un alto grado de flexibilidad, ya que no se encuentra restringida por costillas o pelvis. Esta gran movilidad es clave para permitir los variados y sutiles movimientos de la cabeza que nos permiten orientarnos en el espacio, pero también expone al cuello a una más alta proporción de tensiones y estreses que la que existe sobre los otros segmentos espinales.

Factores de riesgo: emociones, estrés y no cuidarse.

Aunque probablemente todos suframos de algún dolor de cuello cada tanto, hay ciertos factores que, si están presentes en nosotros, nos generan una particular predisposición a su incidencia recurrente y/o crónica.

Interesantemente, dos de los factores de riesgo que más aparecen en la literatura sobre dolores cervicales son de índole emocional: el estrés psicológico y la depresión.

Recordando que el cuello es un puente entre nuestro pecho y nuestra cabeza, cualquier tensión que se anide en nuestro corazón o nuestra mente, pondrá en tensión al puente. Es así que solemos encontrarnos con episodios de dolores de cuello y/o áreas afines en momentos de mucho estrés laboral, vital y/o relacional, así como cuando tenemos ciertas experiencias emocionales de carácter negativo (cuando vivimos un “disgusto” emocional fuerte).

Entre los factores de riesgo para que un dolor de cuello se vuelva crónico, se ha encontrado que las estrategias pasivas de lidiar con el dolor son las más insidiosas, en particular el no tomar responsabilidad por el propio autocuidado, la incapacidad de funcionar con dolor, y el pensamiento catastrófico.

Naturaleza y Causas del Dolor Cervical

A diferencia del dolor lumbar, no se sabe mucho sobre la naturaleza del dolor de cuello. Esto se debe a que la severidad de los síntomas (cuánto duele o incapacita) y la severidad del trauma real a las estructuras (la patología que se conoce está presente) no siempre están relacionadas.

Por ejemplo, cuando se han comparado pacientes con evidencia radiográfica de degeneración de la columna cervical con pacientes sin evidencia radiográfica de patología cervical, no se han encontrado diferencias en los grados de dolor o incapacidad reportados. Paralelamente, se ha descubierto que la mayoría de las hernias cervicales retroceden y/o se reabsorben por sí mismas con el tiempo sin necesidad de recurrir a la cirugía, que los grados de curvatura o falta de curvatura de la columna cervical no son indicadores de predisposición al dolor o a la degeneración de las estructuras, y que en imagenología (placas, resonancias, etc.) la tasa de “falsos positivos” en una población asintomáticas puede llegar al 75%.

Dicho esto, es normal encontrar que los problemas estructurales y mecánicos de la columna cervical vengan con episodios de dolor asociado, aunque no pueda hacerse una correlación directa entre cantidad de trauma estructural y cantidad de dolor percibido y/o incapacidad resultante.

Los problemas (patologías) que nos podemos encontrar en el cuello son varios. La causa del dolor puede estar relacionada a los discos intervertebrales, a las vértebras, a los músculos, a los ligamentos y/o a los nervios de la zona.

El dolor de cuello puede generar diferentes tipos de incapacidades funcionales (mareos, jaquecas, vértigo, tortícolis, etc.). Sin embargo, las disfunciones más comunes generalmente las vemos en el control motor, o sea, en la capacidad de relajar, reclutar, inhibir y coordinar la musculatura de la zona de cuello y hombros. Por ejemplo, en personas con dolor de cuello y hombros por lo general encontramos un músculo trapecio que no sabe relajarse, un control muy pobre de la flexión cráneo-vertebral, y un ritmo escápulo-humereal descoordinado.

En la gran mayoría de estos casos nos encontramos que la percepción kinestésica (percepción de movimiento) y la propiocepción (percepción de alineación) de la zona que duele están muy comprometidas. Es por ello, que en el trabajo con Pilates-SomatoSofía y/o Técnica Alexander con alumnos que sufren de dolor de cuello y hombros, se invierte gran parte del tiempo en aumentar la auto-percepción y conciencia de la zona, tanto en descanso como en movimiento.

Dolor de Cuello y Postura

Se suele aceptar que la gran mayoría de los dolores de cuello, hombros y/o espalda alta se deben a músculos en tensión crónica. Esta tensión muscular incesante coloca a las articulaciones del cuello y hombros en posiciones que sobrecargan a las estructuras blandas que las rodean (ligamentos, cápsulas, tendones, discos, nervios, etc.) y que con el tiempo se desgastan, degeneran, deforman e inflaman.

El estrés postural sobre el cuello es enorme. Todas las articulaciones y estructuras del cuerpo que nos permiten movimiento y nos brindan soporte estructural se encuentran sometidas a fuerzas degenerativas a cause de movimientos repetitivos, posturas fijas sostenidas durante mucho tiempo, y por el simple proceso del envejecimiento.

La columna cervical es particularmente susceptible a estos cambios degenerativos porque en nuestra cabeza están varios de nuestros principales sentidos de orientación (ojos, oídos, olfato) y mecanismos de ajuste del equilibrio (sistema vestibular), por lo que constantemente estamos moviendo los 6kg de la cabeza sobre la estructura del cuello. Esto no sería un problema mayor si pudiésemos mantener un “cuello libre” (como se dice en la Técnica Alexander) durante nuestras actividades diarias.

El problema es que por lo general el uso del cuello se encuentra descoordinado, en relación al uso de la cabeza y de los hombros. Hay quienes realizan acciones excesivas e innecesarias con hombros, cuello y/o cabeza como parte de su lenguaje corporal cotidiano (“hablar con los hombros”).  Hay quienes mantienen al cuello, cabeza y hombros en posiciones fijas durante mucho rato, como cuando sostenemos el celular o teléfono entre hombro y oreja, o fijamos la vista horas en una pantalla, empujando la cabeza hacia adelante, colapsando el cuello y elevando los hombros.

Conciencia Corporal y Control Neuro-Motor

Uno de los tipos de dolor de cuello más comunes se debe al sobre-estiramiento de los ligamentos del cuello a causa del estrés postural. Aunque la “mala” postura puede no ser la causa original del problema de cuello, una vez que el problema existe, la “mala” postura generalmente lo agrava y lo puede volver crónico.

La buena noticia es que tenemos cierto grado de control sobre el estrés postural. A diferencia del problema original del dolor (por ejemplo, la artrosis cervical) sobre el que probablemente no tengamos mayor inherencia directa, sí podemos trabajar sobre nuestra postura para evitar seguir irritando la zona que ya está doliente.

Trabajar sobre nuestra postura, nuestro movimiento y nuestra coordinación neuromotora es nuestra prerrogativa y nuestra responsabilidad. Los patrones de alineación y movimientos óptimos deben re-aprenderse y practicarse con conciencia y a conciencia.

La salud de tu cuello es tu responsabilidad. El movimiento consciente te devuelve a la vida.

Escrito por: Victoria Stanham

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Fuentes consultadas: