Sillas y Cuellos: una relación difícil

Cuando nos estamos moviendo, en especial cuando caminamos con cierta rapidez o cuando jugamos algún deporte que nos requiere estar alertas, nuestra organización postural tiende a “mejorar” espontáneamente, en relación a cuando estamos relajados.

En situaciones “dinámicas”, donde todo nuestro cuerpo y nuestra mente están involucrados, el estado de atención o alerta hace que naturalmente nuestra cabeza tienda a alinearse directamente sobre la columna vertebral, recibiendo así la mayor cantidad de soporte del tronco, y quedando disponible todo su rango de movimiento.

Algo parecido ocurre cuando nos sentamos sobre una pelota o un disco de equilibrio. La superficie inestable nos obliga a sentarnos erguidos para no caernos, a alinear dinámicamente la columna en relación al movimiento de la pelvis.

Contrariamente, cuando nos sentamos en una superficie estática y acolchada, ya no hay necesidad de estar tan alertas, y por tanto perdemos noción del fino juego de equilibrio que se está dando sobre nuestros isquiones (los huesitos de la pelvis sobre los que nos sentamos). La superficie estable y acolchada nos invita a dejarnos hundir, relajar, y colapsar nuestro sistema de soporte postural.

A medida que nos relajamos y colapsamos, el cuello y la cabeza comienzan a irse gradualmente hacia adelante, como una tortuga. Acabamos con un cuello colapsado, una cabeza desalineada con la espalda, unos hombros redondeados y un comienzo de joroba. Es una postura muy común que no está presente en los niños pero que ya se puede ver en los adolescentes.

Cuando esta posición de la cabeza se mantiene por mucho tiempo, se sobre-estiran los ligamentos del cuello lo cual puede acabar generando dolor. Al principio el dolor se da solo en ciertas posiciones del cuello y podemos vernos tentados a solucionarlo con analgésicos. Pero si la postura de cuello acortado y colapsado no se cambia, eventualmente se ven afectadas las articulaciones intervertebrales de la columna cervical y el dolor aparecerá no solo en ciertas posiciones, sino que también en ciertos movimientos.

La mala postura no es la única causa de un dolor de cuello. Sin embargo, es sí una de las principales causas de que un dolor de cuello se instale y vuelva crónico.

¿Cuál es la mejor silla?

Cuando te sientas, la posición de tu espalda baja ejerce una gran influencia sobre la posición de tu cuello.

De cierta manera, podría decirse que espalda baja y cuello (o en términos técnicos: las lordosis lumbar y cervical) se mueven recíprocamente. Si no está funcionando adecuadamente el soporte postural, nos encontramos que cuando la espalda baja se redondea hacia atrás y el vientre se acorta por delante, el cuello se estrecha por detrás y la zona de la garganta se redondea hacia delante. De hecho, si estando sentado permites que la pelvis se caiga hacia atrás, pero simultáneamente pretendes mantener la vista mirando hacia adelante, quizás encuentres difícil mantener el cuello largo por detrás.

Para notar la influencia de tu pelvis sobre la posición de tu cuello, simplemente hamácate sobre tus isquiones (los huesitos de la pelvis sobre los que te sientas) hacia atrás, hasta que notes que tu cintura se redondea por la espalda. Deja que tu cabeza caiga hacia adelante y mírate el ombligo. En esta posición tu espalda estará toda redondeada por detrás. Ahora, mantén la pelvis y la espalda en esa posición redondeada, pero trata de mirar al horizonte. ¿Qué necesita hacer tu cuello para permitir que tu cara mire hacia adelante?

Seguramente nadie arranca su jornada laboral sentado de esta manera, pero una vez que hemos estado sentados varios minutos en una misma posición, y nuestra concentración está en otros asuntos y no en nuestra postura, es normal que nuestro cuerpo comience a colapsar y acabemos sentados en alguna versión de pelvis colapsada, espalda redondeada y cuello acortado.

El diseño de la mayoría de las sillas que encontramos en las oficinas, transportes públicos y en los hogares generalmente no están pensadas para estimular buenos hábitos corporales. Muchas veces el diseño de nuestras sillas está pensado más en función de la estética o de la practicidad de almacenamiento, en vez de en función de la postura de los humanos que se sentarán largas horas en ellas. Es raro encontrar una silla que nos estimule a mantener un buen uso de nuestro cuerpo mientras la usamos a ella, y más raro aún es encontrar una silla que se adapte a los requerimientos individuales y particulares de cada persona.

Pero la solución no está en abandonar las sillas y sillones, la solución está en recobrar el dinamismo y dejar el sedentarismo prolongado. No estamos diseñados para estar sentados en la misma posición durante seis u ocho horas continuas. Tampoco estamos diseñados para estar en ambientes que no estimulan nuestros sentidos de la orientación y del equilibrio.

Estamos diseñados para movernos con asiduidad, para cambiar de postura repetidas veces; estamos diseñados para ambientes que nos obligan a estar conectados con nuestros cuerpos y nuestros sentidos, que nos invitan a estar tranquilos pero atentos.

Pero esta no es nuestra realidad laboral (o escolar). ¿Qué hacer entonces, cuando no nos queda otra que estar sentados por varias horas de corrido?

Aunque el diseño de nuestro mobiliario puede cumplir su parte en el desarrollo de nuestros problemas de espalda y cuello, gran parte de la culpa está en cómo usamos nuestro mobiliario. Si no sabemos cómo usarnos a nosotros mismos, las mejores sillas del mundo no nos ayudarán a tener buena postura y evitar que nos colapsemos. Pero, si nos reeducamos en cómo usarnos a nosotros mismos, las “malas” sillas no tendrán tanto impacto sobre nuestras espaldas.

La salud de tu cuello es tu responsabilidad. El movimiento consciente te devuelve a la vida.

Escrito por: Victoria Stanham

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